El Puro Centro Democrático: de invocaciones, conjuros y eunucos en El Nogal

Publicado: julio 16, 2012 en Política

El nuevo partido uribista no es partido, ni es de centro, ni es puro, ni es democrático. Es un instrumento para movilizar voluntades alrededor de un candidato que acepte ser un eventual presidente eunuco.

El mesías

El fervor de la pequeña muchedumbre reunida en el club El Nogal de Bogotá creó la atmósfera propicia para que Uribe por fin llamara a la acción, después de meses de hacer oposición a punta de trinos.

Adicto a lo que los franceses llaman la politique politicienne (la del control mecánico de gobiernos y partidos), este hombre dominado por un workaholism de la política que no encuentra sosiego si no está combatiendo a otro, quería formar un partido para pelear contra quien se aprovechó de su potencial electoral y después lo traicionó: una fijación mental propia de su mesiánica “neurosis de destino”, muy propia del concepto de misión que acompaña al salvador.

Extremismo y moderación al tiempo

Ahora bien, no siendo ideólogo —lo que no le ha impedido “ideologizar” el conflicto interno y la política exterior— sino apenas un político pragmático, ahora pretende aparecer menos radical o menos polarizador para apelar así a un sector de opinión más amplio que el de sus epígonos purasangre.

Quiere polarizar a toda la derecha contra Santos, pero sin aparecer en el extremo, pues esto lo lastraría como la versión rústica, conservadora y rural, de ese universo de inclinaciones políticas que comparte con el Presidente: una suerte de centro derecha, que ha conseguido hechizar a 9 millones de votantes, el 65 por ciento de la masa electoral de un país de suyo conservador y condescendiente con los privilegios.

Un hechizo que se difunde como una onda por los distintos estratos sociales, de arriba a abajo, aunque con más presencia en las clases altas. Una onda que cabalga sobre la imagen de “orden y autoridad” —marca registrada del expresidente— y de la cual pretende despojar a quien fuera su ministro de Defensa para desalojarlo del gobierno en los comicios del 2014.

Valiéndose de argumentos de autoridad en lugar de apoyarse en el curso real de los acontecimientos, no ha ahorrado esfuerzo para desenmascarar las debilidades de Santos frente a la guerrilla y el crimen. Incluso, en tono azuzador, ha promovido la idea de que Santos abandona a las Fuerzas Armadas, siendo su comandante supremo.

La pirueta

Como Uribe no pretende exacerbar la polarización, al menos en el sentido de no dejarse ubicar en un extremo de la competencia política, aspira a entrar a la pelea, pero no desde una de las esquinas del cuadrilátero, sino como árbitro, ocupando el lugar central, incluso neutral: toda una pirueta.

De piruetas están llenos no solo los espectáculos circenses sino las esquinas de los semáforos, y ahora también la política colombiana: no a imagen de la política ideal —la de Aristóteles— tampoco la del Maquiavelo de la virtud ciudadana, sino de la del otro Maquiavelo, la del poder que es funcional a sí mismo; del que da lugar a intrigas y secretos, a episodios oscuros, a la “razón de Estado” y al Estado de opinión. Incluso a las incoherencias del político profesional, a las que se entrega amparándose en la impunidad que le proporciona la adhesión ciega de sus seguidores.

Por eso en cierto momento el ex presidente convocó a un “Frente contra el Terrorismo”, aunque la revista Semana —con la sonrisa de picardía de quien descubre la maniobra oculta del jugador— decía que el Frente era contra Santos. Mientras tanto María Isabel Rueda afirmaba en El Tiempo que el terrorista (político) era más bien el propio ex presidente, por sus petardos verbales para cavar una zanja entre las Fuerzas Armadas y el gobierno.

Con todo y eso, ahora lanza un partido que se autoproclama como el “Puro Centro Democrático”. ¡Vaya sorpresa! Terrorista político y al mismo tiempo representante del Centro: del Centro–Centro, es decir del más puro. No hay duda de que se trata de una maniobra forzada, pero con efectos reales, contra los cuales seguramente Santos tendrá que competir durante los próximos dos años.

A punta de las denuncias temerarias del “terrorista político”, Uribe pretenderá desgastar al presidente Santos. En cambio, reinventándose como el Centro–Centro podrá representar la oferta de un estadista competitivo en la gestión del gobierno, con lo que pretenderá atraer a sectores amplios y moderados de las clases medias.

No es lo que dice

En realidad, el Puro Centro Democrático no es centro, ni mucho menos puro, ni es derecha pura y menos todavía democrático, si esta palabra se utiliza en su sentido propio. 

  • No es centro porque expresa un proyecto cuyo discurso y acción giran en torno a la “lucha contra el enemigo”, cuyos ejes conductores son la seguridad y la guerra; vocero de una subcultura autoritaria más familiarizada con las pulsiones de la derecha e incluso de la extrema derecha: nada que ver con el centro, pantano virtuoso, indefinido por definición, terreno para todos los oportunismos, aunque también factor de equilibrio y de moderación, no hay que olvidarlo. 
  • Ahora, en la hipótesis de que fuese el centro, es casi imposible que exista un centro puro, porque los intereses y actitudes que concurren en ese espacio de la política son por definición heterogéneos. 
  • Pero si no es centro sino derecha, tampoco es una derecha pura, pues en su proyecto se mezclarán no pocas empresas electorales sin una clara cohesión ideológica. En una derecha ideológicamente decantada, solo entraría con mucha dificultad Londoño Hoyos.
  • Y si este centro, que no es centro sino derecha, y que ni siquiera es derecha pura, mereciera la credencial de democrático, lo sería sólo en el sentido del reconocimiento que hace a las reglas del juego electoral, pero no en el sentido de que se apegue a una democracia liberal; una democracia efectivamente limitada por un sistema moderno de frenos y contrapesos. 

La democracia de Uribe

Por su defensa obsesiva de la reelección sin término, es decir, de la personalización del poder, la democracia del ex presidente Uribe en realidad corresponde a lo que algunos analistas, como Fareed Zakaria, denominan illiberal democracies. Democracias no–liberales o escuetamente antiliberales, asociadas con los regímenes como el de Chávez o tal vez el de Correa, que en la politología norteamericana suelen llamarseprogresistas de América Latina”. Pero que con el Uribismo encontraría su encarnación en la orilla opuesta.

Quizá el tipo taxonómico que más encaje con las tendencias que Uribe representa sea el de una democracia populista de derecha. Populista por su discurso sobre el Estado de Opinión, por encima del Estado de Derecho. Y de derecha, por esa subcultura suya de la “seguridad contra el enemigo”. Esta inclinación determina una de las diferencias de fondo con Juan Manuel Santos, en quien Uribe ve al gobernante interesado en reconducir el sistema político hacia un juego convencional de partidos tradicionales.

La difícil combinación entre populismo de opinión por una parte y, por la otra, orden y seguridad, constituye la fórmula política de Álvaro Uribe y explica su enfrentamiento con el gobierno actual, más aferrado al orden convencional de las coaliciones mayoritarias de partidos.

El único que puede amarrar exitosamente populismo y conservadurismo, esto es, populismo no–liberal y seguridad, es el propio Uribe, pero desde el poder. Como ya no puede volver a ser presidente, solo conseguirá debilitar a la coalición de gobierno desde la oposición, reconfigurando el paisaje en el Centro y en la Derecha.

El aliento tal vez no le alcance para reconquistar el gobierno en cuerpo ajeno, pues para todos los efectos prácticos tendría que conseguir un candidato y presidente–eunuco: sin acción propia, según el deseo manifestado por algunos voceros uribistas, lo que constituiría una humillación en toda la línea para las élites y para el sistema político, de hacerse realidad.

Nota: Este artículo ha sido publicado en la revista virtual Razón Pública, en su edición del 16 de julio de 2012. En http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/3096-el-puro-centro-democratico-de-invocaciones-conjuros-y-eunucos-en-el-nogal.html

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