El asilo de Assange y el orden internacional

Publicado: agosto 21, 2012 en Análisis
Etiquetas:, , , ,

Ricardo García Duarte

Un asunto complicado

El asilo concedido a Julian Assange, director de Wikileaks, por el gobierno de Ecuador es un acto autónomo, soberano y justo:

– Es autónomo porque corresponde a las consideraciones y cálculos que el Estado ecuatoriano haya efectuado en su propio interés.

– Es soberano porque se trata de una decisión independiente de las reacciones que puedan tener otro Estados, por fuerte que ellos sean o por molestos que se encuentren.

– Y es justo porque encarna el ideal o la razón de ser del asilo como institución del derecho internacional es decir,  porque busca proteger a quien es perseguido por razones posiblemente políticas dentro del país donde se encuentra.

Y sin embargo la decisión ecuatoriana tiene grandes complicaciones diplomáticas y jurídicas  cuya resolución – seguramente tortuosa- va a poner en evidencia los límites de un orden internacional que ya no es enteramente estatal, sobre todo en cuanto a la justicia aplicable a los particulares, la extensión de la inmunidad que ampara a una embajada, la transparencia y las limitaciones del poder.

Entre el delito común y el delito de opinión

Ahora bien, la condición de “perseguido” del señor Assange no es un hecho evidente:

– Por una parte el fundador de Wikileaks y difusor de miles de mensajes secretos de gobiernos y altos funcionarios de varios países, no ha sido objeto de una demanda o incriminación formal por el “delito” de divulgar aquella información confidencial. Se enfrenta a acusaciones por delitos comunes, incoadas en un tribunal sueco que lo pidió en extradición.

– Pero por otra parte, si los británicos accedieran a esta solicitud, el procesado podría verse expuesto a los riegos que el mismo ha denunciado, concretamente el de ser enviado luego a  Estados Unidos, donde podría ser juzgado por atentar contra la seguridad de la superpotencia. Y en este caso estaríamos ante un delito de opinión a ser juzgado con leyes de un país extranjero y  ante jueces decididamente cargados contra el reo.

La incriminación judicial en Suecia hace de Assange un reo de delitos comunes, sin justificación alguna para el beneficio del asilo. Pero el eventual encausamiento en Estados Unidos haría de él un reo por razones políticas, que sería condenado por un delito de opinión y en contravía del interés mundial en preservar la completa libertad de expresión.

Las razones inglesas  

Sucede, sin embargo, que lo más próximo y directo, como suceso, es la apertura del proceso en Suecia por delitos comunes para lo cual el incriminado es requerido, de cara a una especie de indagatoria. Mientras tanto, la apertura de un encausamiento judicial en Estados Unidos es algo más distante e indirecto; por lo que las circunstancias en apariencia no justificarían en este caso el asilo, tal como lo ha alegado el Reino Unido, para sostener a renglón seguido que no dejará partir al refugiado hacia ningún otro destino que no fuere un centro de detención carcelaria; incluso, para insinuar por momentos que podría revocar la inmunidad diplomática que favorece a la Embajada ecuatoriana, tomándose la dispensa de apresar al asilado, por encima de las leyes internacionales. Algo en realidad muy poco probable, por sus costos políticos. La posibilidad de estos costos es una previsión que se ha traducido poco después en unas declaraciones oficiales más proclives a la solución negociada.

Tras descartar así la validez del asilo, el gobierno británico ha llegado a insinuar que podría revocar la inmunidad que favorece a la Embajada ecuatoriana, tomándose la dispensa de apresar al asilado por encima de las leyes internacionales. Esta eventualidad es por supuesto remota pero su sola mención subraya la intensidad del dilema.

Alianzas políticas e inseguridad jurídica

Más todavía: aunque hoy no exista un proceso judicial contra Assange en Estados Unidos, el riesgo de que se abra es real: ya hay un proceso en curso contra el soldado Bradley Manning, el que robó los 700 mil documentos que divulgó Wiki-leaks, y Assange, su fundador,  ha sido señalado en varias ocasiones como el incitador de ese delito.

Si se piensa en la política exterior del Reino Unido – de alineamiento estrecho con Estados Unidos-, más aún si se piensa en esa suerte de “no – política exterior” sueca y por tanto, vencida de antemano frente a la superpotencia americana, no es difícil prever lo que ya Julian Assange había previsto: que el Reino Unido lo extraditaría a Suecia y que ésta lo entregaría a Estados Unidos.

Y aunque los suecos digan que la extradición a Washington se condicione a no aplicar penas para ellos prohibidas, es posible que un reo de traición en Estados Unidos se vea condenado a la pena de muerte.

Por otro lado es muy diciente que Suecia no haya accedido a hacer la “indagatoria” en Gran Bretaña o por la vía de las telecomunicaciones, cuando ello es posible material y jurídicamente; y cuando la autoridad judicial no ha podido armar, que se sepa, un material probatorio contundente.

En estas circunstancias, si el riesgo  de extradición a  Estados Unidos es factible material y políticamente, el asilo se vuelve aceptable a pesar de lo que digan el Reino Unido y Suecia.

Y a todas estas no debe olvidarse  que un juicio contra Assange en Estados Unidos plantearía la pregunta de qué hacer con el New York Times, Le Monde, El País, The GuardianEl Espectador que divulgaron, igual, aquella información secreta.

Asilo versus poderes arcanos

Por las razones anteriores queda claro que el asilo autorizado por Rafael Correa toca un punto sensible del sistema internacional en transición, que ya no está atado de modo tan indisoluble a la noción de los Estados soberanos.

Por una parte, si se produce la seguidilla de extradiciones de Gran Bretaña a Suecia y de ésta a Estados Unidos, el sistema internacional habría seguido en el juego convencional de las “razones de Estado”.  Pero por otra parte,  si el asilo prospera, se habrían reconocido la presencia y el predominio del derecho de una comunidad de voluntarios esparcidos por el mundo que, en ejercicio de la libertad de información, se han expresado a través de Wikileaks.

Bajo el manto de argumentos jurídicos, en realidad estamos ante la tensión entre el juego de poderes encarnados en Estados nacionales y los límites al poder de esos estados por parte de nuevos actores que han decidido irrumpir en la escena internacional.

El fenómeno Assange y los nuevos actores internacionales

Es evidente que Assange, como un “individuo-fenómeno”, representa la aparición de un nuevo actor internacional, cuya acción –exagerada o no- busca contrapesar los poderes arcanos al impedir que los gobernantes se escondan bajo el pretexto de la soberanía y se sometan en cambio a un  estatuto mundial mínimo de ética ciudadana.

En el affaire Assange, el Reino Unido, Suecia y Estados Unidos serían los agentes de la reversa, los que convalidan un poder estatal de viejo cuño, amigo de afirmar la soberanía bajo esa dimensión que Hannah Arendt llamaría la potencia.

Por su parte, Julian Assange y Rafael Correa, aún si son megalómanos o mesiánicos o caprichosos, simbolizan –el uno por la rebelión contra el poder arcano y el otro por su decisión atrevida desde un Estado pequeño y débil-, el horizonte de posibilidades para una multiplicación más horizontal de poderes, en un orden futuro.

Limitaciones y forcejeos que son el nuevo signo de los tiempos.

Este artículo también puede consultarse en Razón Pública.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s