SALUDO DE FIN DE AÑO. EL CONOCIMIENTO O EL FUEGO ROBADO DE LOS DIOSES

Publicado: diciembre 27, 2012 en Uncategorized

Ricardo García Duarte

Heinrich_fueger_1817_prometheus_brings_fire_to_mankindPor ciclos se nos va la vida. Por eso mismo, con ellos la organizamos. Así ha sido, desde cuando  en los albores del neolítico, ya convertidos en pastores o en incipientes agricultores, acompasamos la existencia al ritmo profundo e inaudible de la cosecha y de la siembra. O, quizá, desde antes, desde el fondo de los tiempos, desde cuando la luz y la sombra nos llevaron a entender los momentos inquietantes destinados al trabajo incierto y los que sirven al reposo inevitable.

Por ciclos organizamos los profesores ese “qué hacer” nuestro, que es el pensamiento. Pensamiento que se e-labora; y labor que se pensamienta. Pensamiento laborioso, entonces. Orfebrería de ideas o yunque de aprendizajes; cultura de conocimiento o cosecha de descubrimientos; grandes o pequeños, no importa. Por ese camino discurre nuestra andadura. Repitiendo cuidadosamente lo que otros nos enseñaron; o abriendo nuevos horizontes; para nosotros mismos o para otros. En realidad, lo hacemos simultáneamente para nosotros y para los otros. Sobre todo, para los otros, puesto que somos educadores; guías, dicho de otro modo. Habitamos el mundo del pensamiento, que es ejercicio íntimo, solo que lo hacemos para entregarlo a otros.

Alcanzamos este tesoro con brillos divinos, que es el conocimiento; pero no nos lo guardamos para nosotros. No es nuestra condición. Lo damos a otros. Ese es nuestro oficio: apropiarnos el conocimiento, solo para que otros se lo apropien y de ese modo ensanchen su espíritu y cumplan con el eterno destino de construir y reconstruir a la sociedad. Tal vez, como en muy pocos grupos humanos, en nosotros – docentes, profesores, maestros – se materializa el destino mítico del Prometeo encadenado, sometido a tormentos sin fin, por haberle robado el fuego a los dioses – antes privilegio de estos -, para entregarlo a los hombres.

Es lo que hacemos los maestros, los docentes: apropiarnos el conocimiento, que es el fuego de los dioses, para que no sea privilegio de estos; y entregarlo a los hombres, representados en los jóvenes, simbolizados en la figura del estudiante. No nos quedamos con él, para gloria nuestra. Lo entregamos para la gloria difusa de toda la sociedad. Somos apenas mediadores. Pero mediadores de un destino definitivo. Aquel que, tocando de divinidad a los hombres y mujeres, termina por humanizar a los “dioses”.

Mejor dicho: el destino que nos humaniza a todos. A unos, porque nos hace menos sub-humanos; y a otros, porque los hace menos omnipotentes. Humanizándolos, nos hace más libres. Menos sometidos al poderoso, más cercanos al igual. A ese destino humanizador estamos vinculados los maestros, los docentes;  y lo estamos, porque somos los portadores del fuego prometeico, el mismo fuego que dejando de ser el privilegio de unos, se hace humanizador, democratizándose.

LA “FE” DEL PROFESOR

No somos dioses sustitutos. No usurpamos el fuego divino, que es el conocimiento, para reemplazar el privilegio, y pasar a ser nosotros mismos otros “dioses”, otros detentadores del poder. Lo “usurpamos” para entregarlo a los hombres. Para que se liberen, a través del conocimiento, y con el conocimiento ser ellos mismos creadores. El “fuego” en los dioses es poder; en los hombres es libertad.

Somos los mediadores de la libertad. Allí radica nuestro “poder”. Allí radica nuestro destino. Ese es nuestro oficio; y en ese oficio, ejercemos la mediación entre el poder y la libertad. Si hacemos descender el “fuego” del reino de los privilegios; y lo acercamos a los humanos; entonces transformamos el poder en libertad; y lo hacemos educando, que es la democratización del conocimiento; la humanización del “fuego”.

Y como lo hacemos educando, no usurpando con violencia, lo hacemos sin el sentido trágico de Prometeo; aunque sí con el sentido ascético del monje. En nosotros, el sentido trágico se cambia por el del asceta; que no es arrebatamiento sino disciplina y estudio. Se cambia la figura, pero se mantiene la entrega que es lo que une al héroe y al asceta.

Somos ascetas por el estudio y por la disciplina; por el desvelo y por la entrega. Como ascetas que somos, más que la acción del héroe, nos domina la consagración a una fe. Por eso profesamos. Somos profesores. Tenemos la fe de la educación. Profesor es el que profesa la educación. Ella es nuestra profesión. Es nuestra fe. A ella nos consagramos. La mediación que hacemos entre los dioses que detentan el fuego del conocimiento y los hombres que lo requieren no es una simple función técnica. Es una misión abrasada por la fe. Pero también es una misión cargada de técnicas y procedimientos; de metodologías y de enseñanzas; en suma, de laboriosidad. En medio de esta laboriosidad se organiza nuestra fe en el saber.

Y como fe, que es laboriosa; se organiza como toda labor por los ciclos que nos dicta el tiempo. Un año o la mitad de este lapso, que es un semestre, el período más adecuado para imprimir intensidad al trabajo intelectual en profesores y estudiantes; y al mismo tiempo concentrar la tensión sin que esta se quiebre por la fatiga natural.

Ahora se acaba con el año uno de esos ciclos, siempre abierto a otros nuevos, en el largo y fecundo discurrir del tiempo del estudio; que ha de ser tiempo sin término, para todo aquel que se deje tocar por la pasión que acompaña a la disciplina y al saber.

Diciembre de 2012

Prometeo trae el fuego a la humanidad. Autor: Heinrich Friedrich Füger

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