¿Cómo hizo Santos para aumentar tanto en su votación?

Publicado: junio 20, 2014 en Uncategorized

El crecimiento en el número de votantes por el candidato-presidente en segunda vuelta es realmente notable. ¿Qué hizo que sus estadísticas despegaran de esta manera? Las respuestas son una serie de alianzas increíbles y la paz, como propuesta movilizadora.

Con todo en contra

El presidente-candidato tenía un triple y muy severo desafío: tenía que duplicar los votos “propios” que no habían aparecido el 25 de mayo; tenía que lograr que bajaran la abstención y el voto en blanco,  y además tenía que sumar una proporción alta de los votantes verde-independientes y de izquierda.

Y sin embargo la ecuación le funcionó de manera sorprendente en la segunda vuelta, desmintiendo de paso a las encuestas que llegaron a pronosticar una amplia ventaja para Zuluaga.

Al final la ecuación resultó por causa de la paz, que sirvió como función integradora de los factores indispensables para generar un proceso sumatorio de carácter complejo. Su corolario no fue otro que el de crear una votación, digamos, más suelta, sin los anclajes a los que obligan las amarras de la maquinaria. Una elección, si se quiere, impulsada por un efecto de desencadenamiento.

Fotografía tomada: http://www.plazademayo.info/

Fotografía tomada: http://www.plazademayo.info

La izquierda de Clara López y algunos “verdes”, como en un fenómeno de precipitación química, adhirieron de inmediato a la “causa de la paz” o, lo que era lo mismo, a Santos.

La izquierda de Clara López y algunos “verdes”, como en un fenómeno de precipitación química, adhirieron de inmediato a la “causa de la paz” o, lo que era lo mismo, a Santos. 

Tres hechos adicionales proporcionaron el sustrato para una mayor confianza en las negociaciones de La Habana. Fueron ellos el acuerdo final sobre el punto del narcotráfico, las drogas y los cultivos ilícitos; la declaración conjunta sobre el derecho de las víctimas; y, por último, el anuncio de los avances con el ELN para una mesa con esta guerrilla, lo cual ampliaba el horizonte para un acuerdo integral de paz.

En términos prácticos, estas decisiones construidas por el gobierno y los grupos subversivos abrían un nuevo contexto para hacer de la paz algo más cercano, y de la negociación, un proceso con incertidumbres menores. Por esta razón, el discurso santista, decididamente concentrado en eso que debiera ser un anhelo nacional, podía encontrar oídos más perceptivos en una mayoría de la opinión.

Las encuestas siempre mostraron, en esa línea ondulante que traza el cambiante humor de la opinión entre la exultación y la bilis, que después de cada anuncio positivo en los acercamientos con las FARC, el ánimo general subía hasta alcanzar niveles de apoyo al proceso que en ocasiones llegaron a superar el 60 por ciento.

Luego venían la frustración, el escepticismo, incluso el desánimo, que se confundía con un sentimiento persistente durante los últimos tres años de pesimismo sobre la marcha del país, algo que levantaba un dique de contención frente a las aspiraciones del presidente.

Tanto era así que llegaba a coincidir con el rechazo a su reelección. Si este rechazo tocaba hasta hace poco cimas del 63 por ciento entre la opinión pública, el pesimismo general alcanzaba el 57 por ciento.

Era un estado de cosas que ofrecía un terreno abonado para las esperanzas del desafío uribista; y sobre el que seguramente cabalgó con rapidez la candidatura del Centro Democrático.

Solo que muy seguramente la fase final de la carrera presidencial coincidió con una curva ascendente en la confianza sobre el proceso de paz, lo que habría empujado el ánimo para el apoyo al candidato comprometido explícita y creíblemente con la negociación.

Se trataba de un estado del alma colectiva, al que no tendrían por qué ser tan ajenas las hazañas de los escarabajos criollos en el Giro de Italia, como tampoco el 3-0 con el que se estrenó la Selección Colombia frente a Grecia en el Mundial de Fútbol. Lo cierto es que el “cuento” de la paz pegó, se tornó creíble; provocó el desplazamiento del voto de izquierda hacia el presidente Santos y sacudió a los abstencionistas. Lo hizo, desde luego, mediante el esfuerzo de algunos líderes y grupos tanto militantes como independientes, y de los partidos y clientelas de la Unidad Nacional.

Cifras sorprendentes

Los precarios 3.301.815 santistas de la primera vuelta se convirtieron en una votación de 7 millones ochocientos mil electores; una votación significativa en un país que estructuralmente sigue siendo abstencionista.

Fue un crecimiento de más de 4 millones trescientos mil votos (¡el 123 por ciento!). Mientras tanto, el candidato uribista, quien también tuvo un ascenso fuerte, lo hizo sin embargo solo en un 80 por ciento.

De los 4 millones quinientos mil votos nuevos del presidente Santos, por lo mas 3 millones fueron aportados por lo que podríamos denominar la “franja alternativa”. En ella caben casi los 2 millones de votantes de Clara López y el millón de Peñalosa. Lo cual es equivalente aproximadamente a los 3 millones seiscientos mil electores de Antanas Mockus hace cuatro años.

Es un aporte que queda confirmado con el comportamiento del electorado en Bogotá, en donde Santos, después de haber quedado frenado con una votación de apenas 444.000 votos en primer vuelta, se encaramó a una cifra que supera holgadamente el millón de electores.

Fueron 1.337.000 los sufragios que lo favorecieron el 15 de junio, una movilización formidable y oportuna de parte del votante independiente de la capital. Los votos adicionales en Bogotá coinciden, como por azar, con los mismos 900.000 con los que Santos aventajó al uribismo en el nivel nacional.

A los 3 millones de la izquierda, movilizados en las urnas por Santos, se le agrega el millón y medio de abstencionistas de la primera vuelta, fenómeno que se manifestó en el crecimiento notorio de la votación en la Costa Caribe, en los Santanderes (allí se revirtió la tendencia que favorecía a Zuluaga) y, por último, en departamentos como Valle del Cauca y Nariño, fortines del aspirante a la reelección. En apoyo a la candidatura de Santos y bajo el aliento del compromiso con la paz, tema que no figuraba en el primer lugar de las preocupaciones ciudadanas, pero que llegó a ser la carta para definir el juego electoral, se formó una alianza entre una especie de derecha moderada y la izquierda democrática.

Unió a los impensables

Por un lado estaba una derecha entroncada con el poder económico y las élites gobernantes, condensadas en el propio Santos, y que sin embargo se ha movido en la coyuntura hacia el centro, empujada por un competidor fuerte como Uribe, quien se ha movido hacia la extrema derecha, radicalizando sus posiciones y sus ataques contra el proceso de paz y contra el presidente, al que ha calificado como traidor y amigo del terrorismo.

Por otra parte, estuvo una izquierda diversa pero que siempre ha alimentado como un imaginario común la idea de la paz negociada como el medio para ampliar la democracia.

Esa fue la alianza en términos ideológicos que fundamentó la victoria de Santos. Es una alianza que, por otra parte, se superpone a la coalición entre las clientelas del statu quo y los votantes de opinión que se orientan por los temas de la agenda o por los problemas de la coyuntura.

La fase final de la carrera presidencial coincidió con una curva ascendente en la confianza sobre el proceso de paz, lo que habría empujado el ánimo para el apoyo al candidato comprometido explícita y creíblemente con la negociación.

A partir de esta base decisiva como plataforma para los 6.5 millones de votos, que eran necesarios si se quería equilibrar las cargas frente al crecimiento previsible del uribismo, se desató durante los últimos doce o quince días de la campaña una ola de adhesiones que, inclinando la balanza hacia los intereses de la candidatura santista, sacó a la luz otra alianza de carácter social, sorprendente por lo amplia y disímil.

La alianza santista abarcó desde Sarmiento Angulo, el cacao de los cacaos, hasta los jefes sindicales, pasando por comunidades populares de valores postmateriales como los de género y juventud.

De ahí que en la ecuación que dio lugar al amplio triunfo de Santos existan contenidos factoriales de genuino interés por una solución negociada al conflicto armado; pero sobre todo por lo que podríamos calificar como una negociación transformadora.

Es decir, por una que incluya, además de la conversión de la subversión en partido legal, previo el abandono de las armas, algunas reformas sociales que ataquen la desigualdad en uno de los países más desiguales del hemisferio occidental.

Ya veremos si el gobierno de Santos se ubica de modo consecuente en la línea de este mandato y si resiste los embates de una oposición uribista con intenciones claramente obstruccionistas en el Congreso y pendencieras en el debate público.

Artículo Publicado originalmente en:  http://www.razonpublica.com/ ¿cómo-hizo-santos-para-aumentar-tanto-en-su-votación

Categoría: Política y Gobierno Creado en Lunes, 16 Junio 2014

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