El nobel para Santos y la paz para Colombia

Publicado: diciembre 10, 2016 en Política

La refrendación del Acuerdo liberó a Juan Manuel Santos de las afugias que le aguaran la recepción del prestigioso galardón.

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La negociación y el fin del conflicto

Ahora viaja con su comitiva a recibirlo en Oslo, con sus títulos revalidados; aquellos que lo han convertido en protagonista de una negociación eficaz, a pesar de sus múltiples dificultades. Una negociación que pone fin a un largo conflicto, herencia de las confrontaciones ideológicas, propias de la Guerra Fría. Y que se desplegó como una hostilidad recíproca y mortal, ya no entre naciones, sino entre el Estado de un país excluyente e inequitativo y una guerrilla rural, empecinada en desafiarlo; tanto con un programa de reivindicación social, como con los instrumentos del combate y la emboscada. Claro está que también con los del secuestro, la extorsión y el asesinato; ejercicios de la guerra de guerrillas, ya no tan clásicos como los dos primeros; y en cambio, sí, mucho más degradados; una razón de más por la que era un imperativo el hecho de poner fin al enfrentamiento armado.

Objetivo en el cual se empeñaron, qué duda cabe, los representantes del gobierno, pero también los jefes insurgentes; por lo que dicho sea de paso el reconocimiento debió haber ido no solo para Santos sino para Timonchenko, el jefe guerrillero quien comprometió los mismos esfuerzos en la resolución política del conflicto. Fueron ambas partes las que llevaron, en última instancia, la negociación a buen puerto. Esta conducta recatada, y esta corrección política, de la Academia en Noruega no ha invalidado, con todo, el pleno significado del premio; tratándose, como se trata, de un evento en el que se ha resaltado la importancia de una negociación, cuya complejidad y desarrollo integral, ha recibido la aceptación de los principales actores internacionales. Así lo ha entendido el propio Timochenko, quien no dejó de manifestar su satisfacción por el acontecimiento, lejos de cualquiera incomodidad; una actitud que lo hace indirectamente acreedor del mismo reconocimiento.

La oportunidad del premio

En realidad, el sentido que le ha comunicado a este galardonamiento la Academia de Noruega, lo hace extensivo al proceso mismo de negociación, el que conduce a la finalización efectiva de una guerra interna. El reconocimiento del 10 de diciembre llega en un momento en que la negociación se ha cerrado, con éxito; y las partes asumen el siguiente paso, el desarme de los insurgentes y la amnistía para las bases de la organización guerrillera.

No podría haberse escogido un mejor momento. Hay un logro tangible , que recibe la recompensa; la que al mismo tiempo se convierte en estímulo para que las partes no vacilen, acompañadas por la ONU, ante el tránsito definitivo para dejar atrás la lucha armada e iniciar la legal.

El proceso de paz como “modelo”

La paz, como proceso, ha incluido afortunadamente: i) una solución política, mediante la negociación entre las partes; ii) una negociación en la que el Estado no se ha limitado a aceptar la incorporación civil de los insurgentes, sino que ha hecho concesiones en el campo de las transformaciones sociales, algo que no estaba insinuado siquiera en anteriores diáologos; iii) una incorporación significativa de las víctimas al proceso de transición hacia la paz; situación jamás considerada en los procesos anteriores; y iv) una justicia transicional, en la que no habrá impunidad total o perdón general, para los sindicados por delitos atroces y violaciones del DIH; los cuales solo obtendrán beneficios, a cambio de decir toda la verdad.

La paz en estas condiciones representa no solo un proceso eficaz para la terminación de la guerra y su reemplazo por la política en términos democráticos; sino un modelo razonable y universalizable, para el cierre de los conflictos armados. Lo cual no deja de constituir una suerte de capital simbólico en la reconstitución política dentro de una determinada formación social; fracturada por las relaciones antagónicas, esas que están basadas en la construcción de un enemigo como la forma privilegiada de asumir la propia identidad.

Se trata de la paz, en tanto capital simbólico, reconocido por otro ejercicio simbólico; el de un nobel, con su cortejo de ceremonias y rituales. El que por otra parte debiera comprometer más al Presidente con el proceso, lejos de toda duda.

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